Establos de caseríos
Donde los Iratxoak asustan al ganado durante las noches oscuras.
— Las travesuras de los Iratxoak con los animales —
El cuento atribuye a los Iratxoak el alboroto nocturno del ganado: ovejas que se dispersan, vacas que mugen y caballos inquietos en el establo. Son las señales que los personajes interpretan como travesuras de los duendes.
Estos pequeños duendes traviesos encontraban infinita diversión en asustar al ganado. Tiraban de las colas de las vacas, hacían ruidos extraños en la oscuridad del establo, y a veces se montaban en el lomo de las ovejas para cabalgarlas como pequeños jinetes enloquecidos, dejando al animal exhausto y tembloroso al amanecer.
Un viejo pastor de Aralar contaba que la única forma de proteger al ganado era colgar herradura de hierro sobre la puerta del establo y dejar un cuenco de leche fresca cada noche. Si los Iratxoak encontraban la ofrenda, se entretenían con ella y dejaban en paz a los animales. Si no, las travesuras continuaban hasta que alguna oveja se despeñaba o alguna vaca dejaba de dar leche por el susto.
Dentro de la narración, las bromas se agravan cuando los dueños desprecian a los pequeños seres. Esa relación expresa una regla del cuento, no una explicación de la enfermedad o del comportamiento real de los animales.
Donde los Iratxoak asustan al ganado durante las noches oscuras.
Praderas donde el ganado pasta y los duendes acechan al anochecer.
El cuento atribuye a los Iratxoak los ruidos y el alboroto que inquietan a los animales durante la noche.
Los pequeños seres tiran de las colas, desordenan el establo y convierten el descanso del ganado en una sucesión de sobresaltos.
La ofrenda de leche permite recuperar la tranquilidad dentro de la narración. Es una forma de reconocer a sus habitantes invisibles.
La historia reúne el cuidado de los animales con el respeto a los duendes. No ofrece una explicación real de las enfermedades del ganado.