Monte Murumendi
Cumbre de Gipuzkoa donde habita la Señora que hila con huso de oro.
— Mari hilando con huso de oro —
En la cueva de la cima del monte Murumendi, cerca de Beasain en Gipuzkoa, habita una señora misteriosa que hila sin descanso con un huso de oro. Los pastores que han subido hasta allí la han visto sentada a la entrada de su morada, tejiendo hilos que parecen conectar el cielo con la tierra.
Es una de las manifestaciones de Mari, la diosa madre vasca, en estas tierras guipuzcoanas. Como en otros montes sagrados, la Señora gobierna el equilibrio entre la montaña y el valle, entre las tormentas y el buen tiempo.
Quien la encuentra con respeto recibe predicciones sobre el clima o el destino de sus cosechas. Ella puede anunciar sequías o lluvias, años de abundancia o escasez. Pero quien la ofende o intenta engañarla sufrirá su castigo: tormentas sobre sus tierras, pérdida del ganado o enfermedades.
El monte Murumendi es considerado sagrado desde tiempos inmemoriales, y la tradición de su Señora se ha transmitido de generación en generación entre los habitantes de la comarca de Goierri.
Cumbre de Gipuzkoa donde habita la Señora que hila con huso de oro.
Zona de Gipuzkoa donde se ha transmitido esta tradición.
El Murumendi, con su silueta reconocible que domina la comarca de Tolosaldea, ha desempeñado durante siglos el papel que en otros territorios corresponde a los grandes santuarios: el de punto de referencia espiritual y simbólico para la comunidad que lo habita. Su nombre mismo evoca a Mari y al poder de los montes.
Los relatos locales sitúan en sus laderas varias grutas donde la diosa habitaba en determinadas épocas del año, alternando su residencia entre el Murumendi y el Anboto según ciclos que los pastores más atentos decían conocer con precisión casi meteorológica.
Las nubes que se acumulaban sobre el Murumendi por la mañana temprana eran leídas como presagios de lluvia inminente, mientras que una cumbre despejada prometía días favorables para el trabajo en el campo. Esta lectura del cielo a través de las montañas era en sí misma un tipo de comunicación con Mari.
El Murumendi permanece hoy intacto en su bosque de hayas y robles, un poco al margen del turismo masivo que visita otros enclaves míticos del país. Esa discreción le sienta bien. Los montes sagrados no necesitan carteles para seguir siendo sagrados para quienes los conocen.