Senderos de montaña
Los caminos que los Intxixu hacen desaparecer en noches de niebla.
— Cuando los Intxixu borran los caminos del monte —
Era una tarde de otoño cuando Patxi, pastor de Zugarramurdi, regresaba con su rebaño por el camino que conocía como la palma de su mano. Pero aquella tarde la niebla bajó espesa del monte, tan densa que apenas veía a sus propias ovejas. Y en medio de aquella bruma, escuchó por primera vez la risa aguda de los Intxixu.
Al principio pensó que era el viento silbando entre las rocas. Pero la risa se multiplicaba, venía de todas partes y de ninguna. Cuando las carcajadas cesaron, el camino había desaparecido. Donde antes había un sendero trillado por mil pisadas, ahora solo había helechos y piedras que nunca había visto.
Patxi caminó toda la noche siguiendo lo que creía era el camino de vuelta. Pero cada vez que pensaba reconocer un mojón familiar, este se movía, o desaparecía ante sus ojos. Y siempre, siempre, aquella risa burlona resonando entre la niebla, como si alguien muy pequeño encontrara infinita diversión en su desgracia.
Al amanecer, cuando la niebla se disipó, Patxi se encontró exactamente donde había empezado: junto a la fuente del monte. Su rebaño pastaba tranquilo, como si nada hubiera pasado. Pero el pastor había envejecido diez años en una noche, y nunca más volvió a caminar solo cuando la niebla cubría las cumbres.
Los caminos que los Intxixu hacen desaparecer en noches de niebla.
Lugares propensos a las brumas donde actúan estos duendes traviesos.