Bosques vascos
Donde las Sorginak recogían las hierbas curativas.
— La sabiduría curativa de las mujeres sabias —
Antes de que llegaran los médicos con sus títulos universitarios, las Sorginak eran las guardianas de la salud en los pueblos vascos. Conocían cada planta del monte, cada raíz que crecía junto a los arroyos, cada hongo que brotaba en los robledales. Sabían cuándo recoger las hierbas para que conservaran su poder y cómo prepararlas para cada dolencia.
La manzanilla para los dolores de estómago. El romero para la memoria. La valeriana para el insomnio. El hipérico para las heridas. La ortiga para purificar la sangre. Este conocimiento pasaba de madre a hija, de abuela a nieta, en una cadena ininterrumpida de sabiduría femenina que se remontaba a tiempos inmemoriales.
Cuando alguien enfermaba, era a la Sorgin del pueblo a quien acudían primero. Ella examinaba al paciente, preparaba sus cataplasmas e infusiones, y muchas veces lograba curaciones que parecían milagrosas. Pero lo que para los aldeanos era bendición, para la Iglesia era sospecha de brujería.
¿Cómo podía una simple mujer curar lo que los hombres no podían? Debía ser pacto con el demonio, decían. Y así, las que sanaban fueron perseguidas, y mucho de su saber se perdió en las hogueras de la Inquisición. Pero no todo: algunos remedios sobrevivieron, transmitidos en secreto, y hoy la fitoterapia reconoce el valor de aquella sabiduría que llamaban brujería.
Donde las Sorginak recogían las hierbas curativas.
Hogares donde se preparaban y administraban los remedios.