Cueva de Zugarramurdi
El escenario legendario de los aquelarres.
— Las acusaciones, el proceso y la memoria de sus víctimas —
Las denuncias de brujería en Zugarramurdi dieron lugar a un proceso inquisitorial a comienzos del siglo XVII. Las declaraciones mezclaban acusaciones, temores y relatos de reuniones sobrenaturales.
Las personas acusadas no formaban un grupo demostrado de sacerdotisas o sanadoras. Sus confesiones y las historias de vuelos, pactos y prodigios no acreditan que los hechos descritos sucedieran.
En el auto de fe de Logroño de noviembre de 1610 fueron quemadas seis personas vivas y cinco en efigie, porque habían muerto anteriormente. Distinguir esas cifras evita borrar lo ocurrido a las víctimas.
Alonso de Salazar Frías investigó después las acusaciones y cuestionó la falta de pruebas. Sus conclusiones contribuyeron a las instrucciones de 1614, que exigieron más cautela; no significaron la abolición de todos los procesos de brujería.
El escenario legendario de los aquelarres.
El prado vinculado al nombre y a las narraciones del akelarre.
El proceso de Zugarramurdi reunió denuncias y declaraciones sobre brujería. Esos testimonios no prueban la existencia de poderes sobrenaturales ni de los ritos descritos.
En el auto de fe de Logroño de 1610 fueron quemadas seis personas vivas y cinco en efigie, fallecidas antes de la ejecución.
La investigación de Alonso de Salazar Frías cuestionó la falta de pruebas y contribuyó a cambiar las instrucciones para los procesos.
La memoria de las víctimas exige distinguir los hechos de la persecución de las historias que se utilizaron para acusarlas.