Cueva de Zugarramurdi
Destino de vuelo de las brujas para celebrar el akelarre.
— La fórmula secreta de las brujas —
Para volar al akelarre, las Sorginak necesitaban preparar un ungüento especial. Los ingredientes eran secretos, transmitidos de madre a hija, de maestra a aprendiza, en rituales que se perdían en la noche de los tiempos. Cada bruja guardaba su receta como el tesoro más preciado.
Según los procesos inquisitoriales, el ungüento contenía grasa de niño sin bautizar, sangre de sapo, hierba de San Juan recogida a medianoche, y otras sustancias que los investigadores modernos identifican como plantas alucinógenas: belladona, beleño, mandrágora. Estas plantas, aplicadas sobre la piel, podían causar visiones intensas.
Las brujas untaban el ungüento en sus cuerpos y en sus escobas, después pronunciaban la fórmula mágica: "¡Por encima de las nubes, sin tocar nada!" Y salían volando por la chimenea hacia la reunión nocturna. ¿Volaban realmente, o era el efecto de las drogas que atravesaban su piel? La respuesta queda para siempre en el misterio.
Lo cierto es que las confesiones de las brujas describían experiencias idénticas: la sensación de elevarse, el viento en el rostro, el paisaje nocturno bajo sus pies. Ya fuera magia real o química vegetal, el vuelo era absolutamente real para quienes lo experimentaban, tan real como cualquier viaje terrenal.
Destino de vuelo de las brujas para celebrar el akelarre.
Donde las brujas recolectaban los ingredientes del ungüento.
Escabulléndose imperceptiblemente entre infinidad de crónicas jurídicas polvorientas de interrogatorios inquisitoriales mortíferos y relatos susurrados asustadizos nocturnos vascos encontramos la perenne alusión a la portentosa y temida pócima sombría de uso nocturno: El ungüento volador o ponzoña mágica sombría.
Esta singular narrativa folclórica trasciende al imaginario global hechicero aportando en Navarra y Guipúzcoa un sustrato innegable rotundo de absoluto conocimiento farmacológico pre-cristiano empírico herborista que utilizaban profusamente las legendarias Sorginak adentrándose extasiadas en la arboleda tupida.
Las viejas fábulas no relatan escobas impulsadas vulgarmente por pura fantasía inverosímil ingenua celestial carente de todo rigor o explicación material, relatan algo muchísimo más intrincado y terrenal orgánico. Afirman contundentes que para lograr trascender la limitación tediosa de la gravedad burda humana despegando con júbilo sobre profundos barrancos umbríos pirenaicos nevados invernales para reunirse extasiadas cantando paganas gozando ante Akerbeltz (El Macho Cabrío) de madrugada inescrutable exigían untarse secretamente en las oscuras y solitarias reboticas rústicas sus extremidades completas e ingles con un peculiar y pegajoso musgo pestilente espeso enrojecido y negruzco.
En las escasas ocasiones que los despistados o asustados vecinos mortales de Zugarramurdi lograban atisbar el sigiloso proceso en las casas malditas afirmaban escuchar despavoridos a una bruja recitar firme la escalofriante cantinela: "Sasi guztien gainetik eta hodei guztien azpitik" (Por encima de todas las zarzas traicioneras y pasando por debajo de todas las nubes lluviosas).
Este brebaje inconfesable oscuro aglutinaba presuntamente letales concentrados puros inyectados ponzoñosos procedentes de acónito y mortal belladona letal (además de mandrágora profana mezclada con grasas animales hirvientes para repeler heladas de montaña). Los antropólogos e historiadores vascos modernos aseveran razonablemente que toda esta vasta y apabullante leyenda del vuelo a lomos oscuros mágicos inmateriales y cruces nocturnas esotéricas de akelarre indescifrable no era sino un inmenso y profundísimo ensueño trópico onírico narcótico provocado conscientemente al ser absorbidos rápidamente tan fuertes sustancias botánicas peligrosas en éxtasis puro e intenso corporal por piel.
Sin embargo la arraigada narrativa de la imaginación oral popular sigue abrazando nostálgicamente con tesón el romántico asombro inenarrable sobrenatural de aquellas singulares mujeres rústicas rebeldes misteriosas valientes dominando intrépidas con absoluta soltura el propio vacío incesante estrellado y gélido sobre los valles navarros libres alzadas en vuelo espectacular sin motor ante el fulgor inmenso plateado nocturno.