Mikelats

— Hermano oscuro de Atarrabi —

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El principio del caos

Mikelats es el hermano oscuro de Atarrabi, hijo de Mari y Sugaar, representa el caos y la transgresión dentro del panteón vasco. Quedó atrapado para siempre en la cueva de su madre debido a su naturaleza perversa, incapaz de escapar cuando el sol brilló y quemó su sombra antes de que pudiera huir.

Simboliza las fuerzas destructivas que amenazan el equilibrio natural del cosmos. Sin embargo, su existencia es necesaria para mantener la dualidad cósmica del universo vasco, donde el bien no puede existir sin el mal. Su prisión eterna bajo tierra representa el caos contenido, las fuerzas primordiales mantenidas a raya por el orden divino.

Rasgos y atributos

🌑Encarna el caos y la oscuridad
⛓️Prisionero en la cueva de Mari
💀Fuerza destructiva
⚠️Transgresión del orden

Dualidad Caos Cueva

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Etimología

El nombre Mikelats podría relacionarse con el nombre Miguel, siendo una adaptación del nombre cristiano con connotaciones oscuras en el contexto mítico vasco.

Como hermano de Atarrabi, Mikelats representa la dualidad necesaria del universo. Su prisión eterna bajo tierra simboliza las fuerzas caóticas contenidas que amenazan con desequilibrar el orden cósmico.

Simbología y atributos

  • Principio oscuro
  • Caos primordial
  • Transgresión
  • Prisión eterna

Equivalencias en otras culturas

  • Loki (Nórdico)
  • Set (Egipto)
  • Angra Mainyu (Persia)
  • Hades (Grecia)

Mikelats: Semillero del viento, del odio y las tinieblas

Opuesto íntegramente a las virtudes radiantes de Atarrabi, la deidad antagónica y maléfica descansa férrea bajo la perversa estela espiritual de su hermano sombrío, el destructor furioso y genio hostil Mikelats. Si Atarrabi porta dentro el afan de protección y resguardo universal de los seres, Mikelats funge como el arquetipo de la traición y de la destrucción impenitente de aquello forjado bajo duros trabajos humanos en las labranzas expuestas a su cruel antojo de las serranías.

El alumno rezagado en deudas mortales

Durante las célebres clases de hechicería demoniaca natural recibidas en el abismo interior de Euskal Herria, el carácter egoísta, oscuro y perverso de Mikelats lo inclinó fácilmente hacia las artimañas más dañinas (invocación atroz de la destrucción climatológica para la tierra, envidia y las artes maliciosas para perturbar rebaños ajenos sin motivo natural ni ético moral de necesidad).

Cuando su hermano de sangre benévolo logró escapar hábilmente dejando tras él solo su vana silueta (su sombra decapitada de luz), Mikelats se halló preso bajo el tributo ineludible, siendo cautivo físico en lo más recóndito de los túneles kársticos preindoeuropeos por el demonio (generalmente "Etsai"), que lo instruía en el odio.

Destructor de cosechas estio

Incapaz de caminar noblemente por las praderas iluminadas como hacía su envidiado Atarrabi, la influencia colérica de Mikelats se percibe folklóricamente a través del desgarro irracional temporal y tormentas fulminantes que invocaba directamente sobre la cordillera y los fértiles pueblos agrarios vascos de Gipuzkoa o Laburdi que le debían desprecio y temor.

Es el emisor que orquesta las formaciones de furibundos truenos granizeros cuyo perverso objetivo insano siempre es asolar y destruir impenitente para vengarse de los mortales inocentes. La figura dual entre ambos dibuja los arcaicos miedos y confianzas de una tribu que leía en el cambiante clima los caprichos incesantes de la lucha eterna de estos titanes fraternales.