Teodosius of Goñi
The Navarrese knight who, deceived by the devil, committed parricide and wandered in chains until Saint Michael freed him at Aralar.
— Nafarroa —
Ituren is a small village in the Malerreka valley, in the rainy northwest of Navarre, known above all for the Joaldunak festival, one of the oldest and most striking carnivals in the Basque Country. Its rural setting and deep ritual tradition make it a place of exceptional symbolic power.
The joaldunak are figures dressed in sheepskins who carry heavy bells on their backs. Their procession through the village streets, sounding the bells in a measured rhythm, is commonly understood as a rite of awakening, purification and communal protection at the end of winter.
The Joaldunak tradition, shared with the neighbouring village of Zubieta, has earned wide recognition as one of the great expressions of Basque intangible heritage. More than a festival, it preserves an ancient atmosphere in which mask, sound and movement still seem connected to the oldest layers of ritual memory.
Más allá del carnaval, Ituren es un pueblo con encanto propio: caseríos centenarios, una bonita iglesia románica, y un entorno natural de montes y prados que invita al paseo. El pueblo ha sabido mantener viva su identidad cultural en un mundo cada vez más globalizado.
The Navarrese knight who, deceived by the devil, committed parricide and wandered in chains until Saint Michael freed him at Aralar.
The famous inquisitorial trial of 1610 against the Navarrese witches who held akelarres in the sacred cave.
The Basque ambush against Charlemagne's army in the Pyrenean pass where the legendary Roland fell.
The shaggy giant who lives in the forests, protector of flocks and guardian of the secrets of agriculture and the forge.
Seductive nymphs who dwell in rivers and springs, recognisable by bird feet or fish tails, combing their hair with golden combs.
The Basque witches and wise women, priestesses of Mari who mastered potions, curses and the art of flying through the night sky.
El pequeño pueblo navarro de Ituren, en el valle del Bidasoa, es conocido en todo el mundo del folclore vasco por albergar junto a Zubieta uno de los carnavales más arcaicos y peculiares de toda la Península Ibérica. Los Joaldunak, literalmente los que llevan los cencerros, son los protagonistas de este ritual de invierno: hombres vestidos con pieles de oveja, caras cubiertas con una capucha y cencerros gigantes atados a la espalda que recorren los dos pueblos en proceso durante dos días del mes de enero.
El ruido atronador de los cencerros que los Joaldunak hacen sonar con sus espaldas mientras avanzan en fila por los caminos entre los dos pueblos tiene según la interpretación etnológica más extendida una función de despertar a la naturaleza dormida del invierno y de ahuyentar los malos espíritus que la oscuridad estacional ha permitido instalarse en el territorio. El volumen y la cadencia del sonido son en sí mismos parte fundamental del ritual, no simplemente su acompañamiento.
Los investigadores del folclore vasco han señalado la semejanza de los Joaldunak con los procesionales de ancestros que aparecen en diversas tradiciones europeas de invierno, donde los muertos regresan temporalmente al mundo de los vivos en los momentos de transición estacional. Las pieles de oveja, que evocan un estado entre lo humano y lo animal, y las cabezas cubiertas refuerzan esta lectura de seres que pertenecen temporalmente a más de un mundo a la vez.
Asistir al carnaval de Ituren y Zubieta es una de las experiencias más extraordinarias que el folclore vasco puede ofrecer a un visitante. La combinación del sonido masivo de los cencerros, el lento avance de la procesión por los caminos embarrados del invierno navarro y la multitud de espectadores que observa en silencio crea una atmósfera que resiste perfectamente todas las explicaciones racionales que uno pueda intentarle aplicar.