Teodosio de Goni
El caballero navarro que, enganado por el demonio, cometio parricidio y vago encadenado hasta ser liberado por San Miguel en Aralar.
— Gipuzkoa —
El Santuario de Loyola es uno de los conjuntos monumentales más impresionantes del País Vasco, construido en torno a la casa-torre donde nació San Ignacio de Loyola en 1491. Situado en el valle del Urola, en el municipio guipuzcoano de Azpeitia, el santuario atrae cada año a peregrinos y visitantes de todo el mundo.
El conjunto está dominado por la grandiosa basílica barroca diseñada por el arquitecto italiano Carlo Fontana en el siglo XVII. Su cúpula de más de 20 metros de diámetro y su rica decoración interior la convierten en una de las obras más destacadas del barroco en España. Junto a la basílica, la Santa Casa es la torre medieval donde nació el fundador de la Compañía de Jesús.
San Ignacio, nacido como Íñigo López de Loyola, fue un militar que, tras resultar herido en la batalla de Pamplona, experimentó una conversión espiritual durante su convalecencia en esta casa. Este proceso le llevaría a fundar la Compañía de Jesús, una de las órdenes religiosas más influyentes de la historia.
La visita a Loyola permite recorrer las estancias donde vivió el santo, la capilla de la conversión y el magnífico entorno ajardinado que rodea el conjunto. El Camino Ignaciano, ruta de peregrinación de más de 600 kilómetros, tiene aquí su punto de partida hacia Manresa.
El caballero navarro que, enganado por el demonio, cometio parricidio y vago encadenado hasta ser liberado por San Miguel en Aralar.
El celebre proceso inquisitorial de 1610 contra las brujas navarras que celebraban aquelarres en la cueva sagrada.
La emboscada de los vascones al ejercito de Carlomagno en el paso pirenaico donde cayo el legendario Roldan.
El gigante peludo que habita en los bosques, protector de rebanos y guardian de los secretos de la agricultura y la forja.
Ninfas seductoras que habitan en rios y fuentes, reconocibles por sus pies de ave o cola de pez, peinan sus cabellos con peines de oro.
Las brujas y hechiceras vascas, sacerdotisas de Mari que dominaban pociones, maleficios y el arte de volar por los cielos nocturnos.
El complejo monumental de Loyola, en Azpeitia, es uno de los lugares de peregrinación cristiana más visitados de la Península Ibérica y uno de los monumentos barrocos más ambiciosos del norte de España. Construido en torno a la torre solar donde nació Íñigo de Loyola en 1491, el edificio que hoy vemos es en buena parte obra del siglo XVIII, cuando la Compañía de Jesús se encontraba en la cima de su influencia global.
Íñigo de Loyola, hijo de una familia de la pequeña nobleza gipuzkoana, pasó su juventud como paje y soldado antes de que una bala de cañón en el sitio de Pamplona le rompiera la pierna derecha y su larga convalecencia en la torre familiar lo transformara en el fundador de la orden religiosa que más profundamente ha marcado la educación y la geopolítica de los últimos cinco siglos.
La basílica, obra del arquitecto jesuita italiano Carlo Fontana, es una de las más grandes del norte de España y su cúpula domina el valle del Urola con una contundencia que expresa con toda claridad la vocación universal de la Compañía que la levantó. El contraste entre la modesta torre medieval donde nació Íñigo y el colosal edificio barroco que la rodea resume en piedra la trayectoria del hombre que vivió décadas de pobreza radical antes de fundar una de las instituciones más poderosas de la historia.
El santuario de Loyola es hoy también un centro cultural activo, con un museo sobre Íñigo y la Compañía, un espacio de retiros espirituales muy frecuentado y una biblioteca que contiene fondos documentales de gran valor histórico. Visitar Loyola es acercarse al punto de partida de una historia que desde ese pequeño valle de Gipuzkoa se extendió por todos los continentes.