Teodosio de Goni
El caballero navarro que, enganado por el demonio, cometio parricidio y vago encadenado hasta ser liberado por San Miguel en Aralar.
— Gipuzkoa —
Ernio es una montaña mágica que se alza entre los municipios guipuzcoanos de Errezil, Asteasu y Alkiza, alcanzando los 1.075 metros de altitud. Aunque no es una cumbre especialmente elevada, su posición estratégica y su inconfundible perfil piramidal le han conferido un lugar destacado en la geografía mítica del País Vasco.
La tradición popular atribuye a Ernio poderes curativos y mágicos. En su cumbre se celebraban rituales relacionados con la fertilidad y la salud, y aún hoy muchas personas acuden a ella en busca de energías telúricas que, según la creencia popular, emanan de sus entrañas.
La montaña es también un observatorio privilegiado. Desde su cima se divisan panorámicas que abarcan desde la costa de Zarautz hasta las cumbres de Aralar, pasando por los valles del interior guipuzcoano. En días claros, el horizonte se pierde en la inmensidad del Cantábrico.
El ascenso más habitual parte de Errezil y recorre un agradable sendero entre prados y pequeños bosques. La cumbre, coronada por una ermita dedicada a San Pedro, invita a la contemplación y al silencio, permitiendo entender por qué generaciones de vascos han visto en Ernio algo más que una simple montaña.
El caballero navarro que, enganado por el demonio, cometio parricidio y vago encadenado hasta ser liberado por San Miguel en Aralar.
El celebre proceso inquisitorial de 1610 contra las brujas navarras que celebraban aquelarres en la cueva sagrada.
La emboscada de los vascones al ejercito de Carlomagno en el paso pirenaico donde cayo el legendario Roldan.
El gigante peludo que habita en los bosques, protector de rebanos y guardian de los secretos de la agricultura y la forja.
Ninfas seductoras que habitan en rios y fuentes, reconocibles por sus pies de ave o cola de pez, peinan sus cabellos con peines de oro.
Las brujas y hechiceras vascas, sacerdotisas de Mari que dominaban pociones, maleficios y el arte de volar por los cielos nocturnos.
El monte Ernio, con sus 1.073 metros, ocupa una posición geográfica privilegiada en el centro de Gipuzkoa que lo ha convertido en uno de los puntos de referencia visuales más importantes del territorio. Desde su cumbre, en días despejados, se divisan simultáneamente el mar Cantábrico al norte, los montes de Álava al sur, el Aralar al este y el macizo de Anboto al oeste, una panorámica que abarca prácticamente la totalidad del paisaje gipuzkoano.
Esta posición central y dominante convirtió al Ernio en un lugar de referencia para las comunidades que habitaban los valles circundantes desde tiempos prehistóricos. Los dólmenes y crómlech que se conservan en sus pastos de altura son señas de una ocupación humana que se remonta al Neolítico, y la ermita de San Martín de Tours que corona la cumbre es la última de una serie de construcciones religiosas que los distintos períodos históricos fueron superponiéndose sobre un lugar que siempre fue sentido como especial.
La romería de Ernio, celebrada el lunes de Pentecostés, es uno de los encuentros colectivos más multitudinarios del calendario festivo de Gipuzkoa, con participantes que suben desde docenas de pueblos de la comarca para reunirse en la cumbre. La mezcla de devoción religiosa, sociabilidad festiva y contacto con un paisaje de altura excepcionalmente bello le da a este evento una calidad difícil de encontrar en otros contextos.
El ascenso al Ernio es relativamente accesible para senderistas de nivel medio, con rutas que suben por hayedos y pastizales desde varios puntos del entorno. La ermita de la cumbre, sencilla y sólida, cumple con perfecta discreción su función de marco para un ritual que tiene en el paisaje que la rodea su argumento más convincente.