Teodosio de Goni
El caballero navarro que, enganado por el demonio, cometio parricidio y vago encadenado hasta ser liberado por San Miguel en Aralar.
— Gipuzkoa / Araba —
El Túnel de San Adrián es un impresionante paso natural que atraviesa la sierra de Aizkorri a unos 1.000 metros de altitud, conectando Gipuzkoa con Araba. Esta cueva-túnel de más de 50 metros de longitud ha sido utilizada como vía de comunicación desde la prehistoria, convirtiéndose en uno de los pasos más importantes de la antigua calzada que unía la Meseta castellana con los puertos del Cantábrico.
En el interior de la cueva se conservan los restos de una ermita medieval dedicada a San Adrián, que daba servicio a los viajeros y peregrinos que cruzaban el paso. La calzada empedrada que atraviesa el túnel ha sido hollada durante siglos por comerciantes, soldados, peregrinos y viajeros de toda condición.
El lugar está cargado de historia y leyendas. Se dice que por aquí pasó el mismísimo Carlomagno en su expedición contra los musulmanes, y que los bandoleros acechaban a los viajeros en las espesuras cercanas. La atmósfera misteriosa de la cueva, con la luz filtrándose por sus dos bocas, ha alimentado innumerables historias de fantasmas y aparecidos.
Hoy, el Túnel de San Adrián es destino frecuente de excursionistas que buscan combinar naturaleza e historia. El sendero que conduce hasta él atraviesa paisajes espectaculares de hayedos y roquedos, y la visita al interior de la cueva-paso constituye una experiencia inolvidable que permite caminar literalmente sobre las huellas de nuestros antepasados.
El caballero navarro que, enganado por el demonio, cometio parricidio y vago encadenado hasta ser liberado por San Miguel en Aralar.
El celebre proceso inquisitorial de 1610 contra las brujas navarras que celebraban aquelarres en la cueva sagrada.
La emboscada de los vascones al ejercito de Carlomagno en el paso pirenaico donde cayo el legendario Roldan.
El gigante peludo que habita en los bosques, protector de rebanos y guardian de los secretos de la agricultura y la forja.
Ninfas seductoras que habitan en rios y fuentes, reconocibles por sus pies de ave o cola de pez, peinan sus cabellos con peines de oro.
Las brujas y hechiceras vascas, sacerdotisas de Mari que dominaban pociones, maleficios y el arte de volar por los cielos nocturnos.
El túnel de San Adrián, una cueva natural que perfora el macizo de Aizkorri de sur a norte creando un paso practicable entre las llanadas alavesa y gipuzkoana, es uno de los enclaves naturales e históricos más singulares del País Vasco. Durante siglos fue uno de los pasos más frecuentados del Camino de Santiago en el territorio vasco, con una ermita en su interior dedicada al mártir Adriano que sirvió de hospital y de refugio para los peregrinos que cruzaban la sierra en dirección a Santiago.
La cueva tiene unas dimensiones que impresionan incluso con los ojos de quien ya sabe lo que va a encontrar: una bóveda natural de más de quince metros de altura en el punto más alto de la galería y una anchura suficiente para que los arrieros medievales pasaran con sus recuas de mulos cargados. El suelo empedrado que recubre el interior, instalado para facilitar el tránsito en los días de lluvia cuando el fango hacía peligroso el paso, es en sí mismo un documento de la importancia económica y religiosa que esta ruta tuvo durante la Edad Media.
Cruzar el túnel de San Adrián es también cruzar dos mundos climáticos que se confrontan en sus dos bocas. En el lado sur, la vegetación mediterránea de encinas y robles pubescentes típica de la meseta y la llanada alavesa. En el lado norte, el hayedo atlántico densa y oscuro de Gipuzkoa, con su humedad constante y su luz filtrada. El cambio que se percibe en apenas cien metros de galería es uno de los documentos más inmediatos de la divisoria atlántico-mediterránea que la sierra de Aizkorri representa.
El túnel de San Adrián es accesible a pie desde varios puntos del macizo de Aizkorri y puede incluirse en recorridos circulares de mayor envergadura que combinen la visita a la cueva con el ascenso a las cumbres o con la exploración de los dolmenes del entorno. Es uno de los enclaves del Camino de Santiago del País Vasco con más capacidad de transportar al visitante a la experiencia del peregrino medieval.