Teodosio de Goni
La leyenda del caballero Teodosio de Goñi, cuya penitencia termina cuando San Miguel lo libera de sus cadenas en Aralar.
— Gipuzkoa —
El Urumea nace en Navarra y desemboca en el Cantábrico en Donostia-San Sebastián. Su cuenca une valles de interior con un tramo urbano marcado por las mareas.
En el curso alto, bosques y poblaciones como Goizueta muestran un paisaje de relieve estrecho. Los antiguos aprovechamientos del agua forman parte de su historia.
Los puentes de Donostia conectan las dos orillas y son referencias del paisaje urbano. Entre ellos destacan Santa Catalina, María Cristina y el puente de Zurriola, junto al Kursaal.
Molinos, ferrerías y otros usos muestran la importancia económica del río. En el tramo final, paseos y edificios conservan la relación de la ciudad con su estuario.
La leyenda del caballero Teodosio de Goñi, cuya penitencia termina cuando San Miguel lo libera de sus cadenas en Aralar.
El proceso inquisitorial de 1610 y la memoria de las personas acusadas de brujería en Zugarramurdi.
La emboscada a la retaguardia de Carlomagno en Roncesvalles y los relatos sobre Roldán que surgieron después.
El señor del bosque, protector de rebaños y poseedor de conocimientos que los humanos intentan obtener en las leyendas.
Seres de las leyendas vinculados a ríos y fuentes, reconocibles por sus pies de ave y sus peines de oro; algunas variantes marinas tienen cola de pez.
Las sorginak de la tradición oral, vinculadas a reuniones nocturnas, encantamientos y relatos de Mari.
El Urumea entra en el mar entre el entorno del centro de Donostia y Gros. Las mareas modifican el nivel del agua y el aspecto de su tramo final.
La cuenca alta y el tramo urbano presentan ambientes distintos. El relieve, las construcciones y los usos del suelo muestran las transformaciones del río a lo largo de su recorrido.
Los puentes de la ciudad pertenecen a diferentes etapas de su desarrollo. El de María Cristina, inaugurado en 1905, destaca por sus elementos ornamentales y su relación con la expansión urbana.
Las crecidas también forman parte de la historia del Urumea. Las obras de gestión del cauce muestran el esfuerzo por compatibilizar el río con las poblaciones de sus orillas.